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RAMÓN BUENAVENTURA POETA
«Mi Tánger no tiene nada que ver
con el de Bowles, Capote o Williams»
El
escritor reconstruye en su última obra la biografía erótica de León Aulaga,
un «entomólogo del amor» que deja un rastro literaturizado de sus aventuras sexuales.
Profesor, editor, poeta e
internauta de primera generación, Ramón Buenaventura (Tánger, 1940) rompe un
silencio literario de quince años con su tentativa más ambiciosa, El año
que viene en Tánger (Debate). León Aulaga es el protagonista de esta novela,
un tangerino trasterrado como el propio autor y un «amante de las mujeres en
el buen sentido». Es una suerte de entomólogo del erotismo que dejó un
incesante rastro literaturizado de sus aventuras sexuales en más de 2.500
fichas. Anotó Aulaga esos encuentros con espíritu científico y los recrea
Buenaventura en una novela que rompe convenciones estilísticas y
tipográficas. Una obra fuera de lo corriente que exige bastante del lector.
Aunque Ramón rime con León y ambos sean tangerinos, Buenaventura sostiene que
ahí se acaban las coincidencias.
— ¿Es su proyecto literario más
ambicioso?
— Desde luego, aunque sólo
sea por el número de páginas. Nunca había superado las 250 y nos hemos ido a
más de seiscientas. Lo he escrito en estado de encandilamiento, con pasión y
todo el oficio de que soy capaz. Reconozco también que exige bastante del
lector, pero me gustaría contar con lectores también ambiciosos. Los libros
no tienen por qué regalarle nada al lector. Si abaratamos la literatura
fomentamos la pasividad del lector. Yo, como Cortázar, quiero lectores
«machos».
—¿Se propuso reventar todas las convenciones literarias?
— No me he propuesto reventar nada, aunque parezca que el resultado sí
revienta cosas. El objetivo no era ése. Quería servirme de todas las
herramientas que tenía a mi alcance para contar lo que quería contar. Una
biografía amorosa, una novela de amor. He optado por hacer las cosas de la
forma que mi modesto caletre me ha dicho que debería hacerlas, eso sí,
aliándome con las nuevas técnicas, como si fuera un artesano.
Elementos de oficio
— ¿Ha agotado todos los
recursos tipográficos de su ordenador?
— Es León Aulaga quien lo
hace. Aulaga es uno de los grandes publicitarios europeos y resulta lógico
que un publicitario se sirva de todos los elementos de su oficio. Él escribe
en muchos momentos como si estuviera haciendo anuncios y utiliza todos lo
recursos tipográficos que quiere. No utiliza la imagen porque le sale muy
caro.
— ¿Ramón Buenaventura también hubiera usado la imagen?
— Desde luego. De haber podido hubiera utilizado la imagen y la música,
hubiera incluido hasta los olores. Me habría gustado hacer un CD-Rom con este
libro y meter en él todos los recursos posibles. Habría sido la primera
novela en CD-Rom de la literatura española, pero el proyecto resultaría
carísimo. Mi proyecto inicial era aún más ambicioso. Pensé en crear la
«enciclopedia Aulaga», una obra monumental que contuviera todo lo que se sabe
de León Aulaga y todos los datos disponibles sobre él, bien fuera texto, imagen
o sonido.
— ¿Las relaciones personales a través de Internet le inspiran algo?
— La verdad es que merecerían un estudio y que alguien las analizara
seriamente, pero no es el medio apropiado para ambientar una novela. Mis
personajes se reencuentran a través de un «chat», pero Internet opera como
una herramienta más. Se sirven de Internet como se sirven de un teléfono,
como un medio de comunicación más.
— ¿Cómo es el amor de su novela?
— Un amor nada corriente entre dos personas que se encuentran tres décadas
después de haberse amado y deciden retomar su relación. Es la historia de una
despedida y un reencuentro, del tiempo transcurrido entre ambos instantes.
Mito y leyenda
—Hablar de Tánger es
tender al mito. ¿Cuál es su magia?
— Creo que se ha tejido
una leyenda en torno a ese Tánger. Los escritores americanos llegaron allí
cuando ya no era Tánger, cuando había desaparecido la ciudad internacional.
Bowles, Capote y algún escritor francés llegan después y crean una caja de
repercusión de todo cuanto hacen. Ahí nace la leyenda de Bowles o de
Tennessee Williams. Ese Tánger no tiene nada que ver con el mío, pero tampoco
ellos tienen nada que ver con Tánger. El propio Bowles ha admitido hace poco
que él no tiene ninguna comunicación con Tánger. No miro a ese grupo con
antipatía, pero yo no tengo nada que ver con ese Tánger. Entre otras cosas
porque ese grupo eclosiona en los 60 y yo entonces no estaba allí. Para
entonces Tánger era ya parte del imperio alauí y los anglosajones buscaban
allí, como siempre, más rentabilidad para sus dólares y sus libras.
— ¿Cómo es el Tánger que aparece en su libro?
— Es también un territorio de leyenda, una suerte de paraíso perdido.
León Aulaga y yo nacimos en un territorio de leyenda del que nos expulsaron a
los 18 años. Luego, perplejos, nos preguntamos si esa leyenda existió o no.
El libro intenta contestar a esa pregunta: si hubo o no leyenda. Si ese
Tánger mítico existió. El resumen podría estar en una frase de las de León
Aulaga: «Toda mi vida es mentira y además no la recuerdo».
— ¿Son fiables la estadísticas venéreas de León Aulaga?
— Son suyas y a él debíamos preguntárselo. Sólo diré que Aulaga es un
personaje y que Ramón Buenaventura soy yo, el autor de una novela sobre él.
Yo no llevo notas ni estadísticas de mis encuentros sexuales.
— ¿Sufre más editando o escribiendo?
— Escribiendo no lo paso mal, pero editando sí sufro. En realidad sufro
no editando. Lo más ingrato es tener que decir no, someter libros a penosos
procesos de selección que terminan en nada. Eso supone matar ilusiones y
produce un dolor del que me gustaría librarme.
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