El Correo Español - «Cultura y Espectáculos» - 980404

M. Lorenci / Colpisa. Madrid

 

RAMÓN BUENAVENTURA POETA
«Mi Tánger no tiene nada que ver con el de Bowles, Capote o Williams»
El escritor reconstruye en su última obra la biografía erótica de León Aulaga, un «entomólogo del amor» que deja un rastro literaturizado de sus aventuras sexuales.

Profesor, editor, poeta e internauta de primera generación, Ramón Buenaventura (Tánger, 1940) rompe un silencio literario de quince años con su tentativa más ambiciosa, El año que viene en Tánger (Debate). León Aulaga es el protagonista de esta novela, un tangerino trasterrado como el propio autor y un «amante de las mujeres en el buen sentido». Es una suerte de entomólogo del erotismo que dejó un incesante rastro literaturizado de sus aventuras sexuales en más de 2.500 fichas. Anotó Aulaga esos encuentros con espíritu científico y los recrea Buenaventura en una novela que rompe convenciones estilísticas y tipográficas. Una obra fuera de lo corriente que exige bastante del lector. Aunque Ramón rime con León y ambos sean tangerinos, Buenaventura sostiene que ahí se acaban las coincidencias.

— ¿Es su proyecto literario más ambicioso?
— Desde luego, aunque sólo sea por el número de páginas. Nunca había superado las 250 y nos hemos ido a más de seiscientas. Lo he escrito en estado de encandilamiento, con pasión y todo el oficio de que soy capaz. Reconozco también que exige bastante del lector, pero me gustaría contar con lectores también ambiciosos. Los libros no tienen por qué regalarle nada al lector. Si abaratamos la literatura fomentamos la pasividad del lector. Yo, como Cortázar, quiero lectores «machos».
—¿Se propuso reventar todas las convenciones literarias?
— No me he propuesto reventar nada, aunque parezca que el resultado sí revienta cosas. El objetivo no era ése. Quería servirme de todas las herramientas que tenía a mi alcance para contar lo que quería contar. Una biografía amorosa, una novela de amor. He optado por hacer las cosas de la forma que mi modesto caletre me ha dicho que debería hacerlas, eso sí, aliándome con las nuevas técnicas, como si fuera un artesano.

Elementos de oficio

— ¿Ha agotado todos los recursos tipográficos de su ordenador?
— Es León Aulaga quien lo hace. Aulaga es uno de los grandes publicitarios europeos y resulta lógico que un publicitario se sirva de todos los elementos de su oficio. Él escribe en muchos momentos como si estuviera haciendo anuncios y utiliza todos lo recursos tipográficos que quiere. No utiliza la imagen porque le sale muy caro.
— ¿Ramón Buenaventura también hubiera usado la imagen?
— Desde luego. De haber podido hubiera utilizado la imagen y la música, hubiera incluido hasta los olores. Me habría gustado hacer un CD-Rom con este libro y meter en él todos los recursos posibles. Habría sido la primera novela en CD-Rom de la literatura española, pero el proyecto resultaría carísimo. Mi proyecto inicial era aún más ambicioso. Pensé en crear la «enciclopedia Aulaga», una obra monumental que contuviera todo lo que se sabe de León Aulaga y todos los datos disponibles sobre él, bien fuera texto, imagen o sonido.
— ¿Las relaciones personales a través de Internet le inspiran algo?
— La verdad es que merecerían un estudio y que alguien las analizara seriamente, pero no es el medio apropiado para ambientar una novela. Mis personajes se reencuentran a través de un «chat», pero Internet opera como una herramienta más. Se sirven de Internet como se sirven de un teléfono, como un medio de comunicación más.
— ¿Cómo es el amor de su novela?
— Un amor nada corriente entre dos personas que se encuentran tres décadas después de haberse amado y deciden retomar su relación. Es la historia de una despedida y un reencuentro, del tiempo transcurrido entre ambos instantes.

Mito y leyenda

—Hablar de Tánger es tender al mito. ¿Cuál es su magia?
— Creo que se ha tejido una leyenda en torno a ese Tánger. Los escritores americanos llegaron allí cuando ya no era Tánger, cuando había desaparecido la ciudad internacional. Bowles, Capote y algún escritor francés llegan después y crean una caja de repercusión de todo cuanto hacen. Ahí nace la leyenda de Bowles o de Tennessee Williams. Ese Tánger no tiene nada que ver con el mío, pero tampoco ellos tienen nada que ver con Tánger. El propio Bowles ha admitido hace poco que él no tiene ninguna comunicación con Tánger. No miro a ese grupo con antipatía, pero yo no tengo nada que ver con ese Tánger. Entre otras cosas porque ese grupo eclosiona en los 60 y yo entonces no estaba allí. Para entonces Tánger era ya parte del imperio alauí y los anglosajones buscaban allí, como siempre, más rentabilidad para sus dólares y sus libras.
— ¿Cómo es el Tánger que aparece en su libro?
— Es también un territorio de leyenda, una suerte de paraíso perdido. León Aulaga y yo nacimos en un territorio de leyenda del que nos expulsaron a los 18 años. Luego, perplejos, nos preguntamos si esa leyenda existió o no. El libro intenta contestar a esa pregunta: si hubo o no leyenda. Si ese Tánger mítico existió. El resumen podría estar en una frase de las de León Aulaga: «Toda mi vida es mentira y además no la recuerdo».
— ¿Son fiables la estadísticas venéreas de León Aulaga?
— Son suyas y a él debíamos preguntárselo. Sólo diré que Aulaga es un personaje y que Ramón Buenaventura soy yo, el autor de una novela sobre él. Yo no llevo notas ni estadísticas de mis encuentros sexuales.
— ¿Sufre más editando o escribiendo?
— Escribiendo no lo paso mal, pero editando sí sufro. En realidad sufro no editando. Lo más ingrato es tener que decir no, someter libros a penosos procesos de selección que terminan en nada. Eso supone matar ilusiones y produce un dolor del que me gustaría librarme.