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Vogue - 980700 |
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Marta Ansón |
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ay, amor ¿SE PUEDE HABLAR DE NUEVO
ROMANTICISMO? Los hemos reunido aquí para que,
desde su experiencia, arrojen un poco de luz al tema que más tinta y lágrimas
he hecho derramar a la Humanidad: el amor. En una hora escasa, deberán
responder a cuestiones que llevan eternamente en el aire. El currículo de
ambos les acredita. Alejandra Vallejo-Nájera, psicóloga, ha publicado El amor
no es ciego, una guía práctica para no equivocarse a la hora de elegir media
naranja. Ramón Buenaventura, escritor y poeta, ha volcado en su última
novela, El año que viene en Tánger, toda la vida de un amante de mujeres.
Inician la conversación sentados el uno frente al otro, para inmediatamente
descubrir que la mesa y la distancia que les separan son demasiado grandes,
que se van a entender mejor si se acercan un poco. Juntan las sillas... AMOR, LITERATURA Y CINE ALEJANDRA VALLEJO-NÁJERA.– La literatura presenta un proyecto de
amor, a veces muy idílico, muy atractivo y bonito, en el que, a pesar de las
desgracias, uno lo vive con intensidad; la psicología se dedica al amor que
aniquila, que es trágico de verdad, que corroe la vida de una persona. RAMÓN BUENAVENTURA.– Sí, pero, de hecho, el amor, es una
creación de la literatura, que arranca del siglo XI. Aunque no creo que la
relación entre el hombre y la mujer tenga nada de literario. Es más,
tradicionalmente la literatura la recoge muy mal y ha venido engañando a los
sujetos de una manera terrible. Ha hecho sufrir a muchísima gente. La
literatura lo único que hace es literaturizar fenómenos que no son en
realidad literarios. Las pruebas son terminantes: cuanto más se lee, más
desgraciado se es en el amor (risas). — El papel que ha tenido la
literatura hasta el siglo pasado, lo tiene el cine en el siglo XX… R.- El cine sí que es una mentira
total en cuanto a las relaciones entre hombre y mujer, porque sólo presenta
los aspectos más literarios. Una película te cuenta hasta el primer beso o,
ahora, hasta la primera cama. Pero deja fuera todo lo demás, aunque
últimamente empieza a entrar en otros temas. A.- Sí, el cine sólo presenta el
aspecto más anecdótico. Los personajes cinematográficos no tienen pasado, ni
tienen futuro, son fruto de algo instantáneo. Mientras que los personajes de
la novela tienen un origen y una proyección en la que muchas veces ha de
participar el lector. — ¿Ha influido tanto en las
costumbres amatorias del siglo XX? A.- No creo que haya influido… R.- No estoy muy seguro de eso. Yo
no creo que la gente se besara tanto antes. El cine ha utilizado el beso como
metáfora y ha acabado por vendérselo al personal. De hecho, en la literatura
anterior apenas aparece. Cuando Flaubert nos cuenta el primer adulterio de
Madame Bovary, lo hace con una elipsis total. Podía haber puesto un contacto
con los labios cuando la deja con el amante en el carruaje y, sin embargo, no
lo hace. Son cosas que no sabemos, porque no están registradas en ninguna
parte, pero yo estoy convencido de que algunas prácticas sexuales, o pre
sexuales, están bastante condicionadas por el cine. NUEVAS CLAVES A.- Ahora hay un movimiento muy
fuerte, en un determinado sector de la población femenina, que renuncia con
absoluto conocimiento de causa a la paternidad compartida y que satisface su
deseo de maternidad sin la colaboración de un hombre gracias a la
inseminación artificial. R.- Pero en la Historia las
corrientes han acabado por imponerse cuando tenían justificación. Por lo
tanto, no tiene sentido clamar contra todo esto en nombre de ninguna clase de
moralidad. No está demostrado que la sociedad en que vivimos sea una sociedad
óptima, ni muchísimo menos. Evidentemente, el tipo de personas que puede
producir una educación tan completamente distinta producirá necesidades
también distintas y lo mismo ocurrirá con las relaciones entre los seres
humanos. Ni siquiera podemos prever cómo serán quienes se eduquen así. Pero
quiero insistir, porque me parece muy importante, en el carácter absolutamente
minoritario de esta cuestión. Y, por lo tanto, en su fragilidad… A.- Sin embargo, Ramón, me hago
eco de una realidad en biología, de toda una corriente que afirma que la raza
se está volviendo femenina, los hombres cada vez tienen menos espermatozoides
activos. Quizá este comportamiento minoritario va a ser origen en el futuro
de algo habitual, puesto que los hombres son cada vez más femeninos. Esto va
a modificar la palabra amor y el sentido que tiene... EL NUEVO ROL FEMENINO R.- A mí lo que me asombra
últimamente es el surgimiento de una generación que yo llamo en broma la de
las «marcianas», que ahora tienen menos de veinticinco años. Éstas ni
siquiera saben que son mujeres. No han tenido ninguna de las limitaciones que
se observan en las nacidas hasta hace un cuarto de siglo. Son chicas que no
se quieren casar, ni se lo han planteado. No tienen la más mínima noción del
hombre como posible solución para sus vidas. No están dispuestas a hacer
ninguna clase de renuncia por el hecho de que su vida entre en contradicción
con la vida de su novio, y así no hay amor que valga. A.- Pero eso no está reñido con
ser mujer (risas). Eso está reñido con la idea de la mujer atada a la pata de
la cama. R.- Hombre, no me tomes la broma
literalmente. Naturalmente que no está reñido con ser mujer, sino con la idea
de ser mujer de toda la vida. Desde luego, no está reñido con lo que deberían
haber sido las mujeres siempre. La historia habría sido completamente
distinta de lo que es. No es posible discutir que estamos ante un tipo nuevo
de persona que puede dar lugar a cambios tremendos en la sociedad. Ahora
viene un periodo en el que, si todo esto se impone, las mujeres vais a tener
que educar primero a los hombres. Ya lo estáis haciendo: cada vez que entráis
en contacto con un hombre, entráis en un proceso de educación terrible, que
además os sale mal casi sistemáticamente. Y tendréis que educar a los hijos
para que sobrevivan en ese mundo. Y no sé si vais a saber hacerlo. No sé si
vamos a saber ninguno. EL NUEVO ROL MASCULINO Y LA
SEDUCCIÓN R.- Lo que no ha cambiado apenas
es que el poder sigue estando en manos de los hombres y no va a ser fácil que
lo cedan. El hombre se siente muy amenazado. Está asustadísimo por lo que
está sucediendo con las mujeres. A.- Yo creo que ese cambio no va a
ser repentino. Se está produciendo desde hace muchísimos años. Poco a poco
irá ocurriendo y el hombre reaccionará en consecuencia. Ya está
reaccionando... R.- Pero es que es muy difícil que
el hombre que ya ha sido educado de una forma de pronto cambie. El cambio que
se produce es el susto y, por consiguiente, la abstención. A.- ¿Atrincherarse? R.- Atrincherarse y pasar de las
mujeres. Hoy en día se están viendo cosas sorprendentes en el plano de la
seducción. El papel más agresivo les ha tocado a las mujeres, y los hombres
se resisten. Cosa que en mi generación era inconcebible. El rechazo lo hemos
tenido que sufrir nosotros y ahora lo estáis sufriendo las mujeres. Hasta me
produce un cierto recochineo (risas). — Y ¿cómo va a afectar esto a
las formas de seducción? A.- Hasta ahora siempre ha
seducido la mujer primero, con el gesto, la postura, ha sembrado el camino de
pistas, pero lo ha hecho con una manipulación tal de la situación que parecía
que eran ellos los que daban el primer paso. R.- Esos procedimientos sutiles lo
que hacen es manifestar una disponibilidad. En el momento en que había esa
disponibilidad, el hombre iba hacia la mujer. Como el hombre, en principio,
dadas su educación y su naturaleza, va por todas, era un procedimiento de
seducción bastante fácil. Pero hoy en día esa disponibilidad parece ser que
no funciona. Todo tendrá que cambiar. A.- Pero no tenemos referencias
para saber cómo. AMOR A PRIMERA VISTA A.- El flechazo es un acto de
voluntad. Y es tan apasionante que muchos lo buscan, a pesar de tener una
relación estable y sólida. R.- El flechazo no es solamente
amoroso. Hay personas que te caen bien instantáneamente y personas que no
llegas a percibir ni siquiera como personas, se pongan como se pongan. Claro
que existe. Yo he tenido un flechazo con Alejandra el otro día, cuando nos
conocimos en Barcelona. A.- Sí, y fue mutuo. R.- Efectivamente, fue recíproco e
instantáneo (risas). Claro que existe, y en todas las relaciones humanas. A.- Y concretamente en la relación
de pareja, no implica continuidad en el tiempo, sino un instante en el que
dos personas desconocidas se encuentran y parecen conocerse de toda la vida. EL ROMANTICISMO R.- Nació con el matrimonio
burgués del siglo XIX. Pero, para nosotros, algo que ha empezado hace
doscientos años se puede decir que pertenece a toda la Historia. No tenemos
ningún conato de otra cosa, y difícilmente vamos a transmitir algo diferente.
Se tendría que producir un cambio en la forma de vida. Si llega otra
sociedad, el romanticismo puede ser sustituido por otra cosa. A.- Sin embargo, la gente joven se
revuelve ante la idea de que el amor no es romántico, le gusta pensar que sí
lo es. R.- Pero no sólo la gente joven.
Yo también me revuelvo ante la idea de que la convivencia con un ser humano
no sea algo mutuamente gratificante, algo que derive en posibilidades de
felicidad e intensidad, lo que también es una forma de romanticismo. VIDA EN PAREJA A.- El amor más exitoso es el de
aquellas personas que saben ser independientes y deciden vivir juntas, aun
sabiendo que pueden hacerlo por separado. Eso también es algo nuevo, que no
existía porque la mujer no estaba preparada. R.- Posiblemente, la mejor
relación que pueda tenerse hoy en día es la que constituye una base para la
libertad de ambos. Una base de operaciones desde la cual los dos miembros de
la pareja pueden actuar con libertad, sabiendo que es posible volver siempre.
Y esa base refuerza todo nuestro comportamiento. Cuando no hay proyecto común
es cuando se va todo al carajo. Pero lo que sí es cierto es que nos resulta
imprescindible también cambiar el concepto del amor en que nos hemos educado
todos, incluso en el que se está educando a la gente más joven, que, aplicado
a la vida, resulta casi inútil. Son cosas casi elementales, como esa idea que
tenemos todos del amor excluyente y único en una vida, que hoy en día es
absolutamente imposible. A.- ¿Tú lo ves inviable? R.- Lo veo inviable salvo en casos
heroicos o patológicos. Y no sé distinguir bien entre unos y otros. Lo que
estoy diciendo es que es muy posible que nos podamos comprometer con otra
gente. No estoy hablando de poligamia, sino de otros grados de compromiso.
Uno puede tener aceptado, de un modo inquebrantable, un compromiso con una persona
y decidirse a continuarlo durante toda la vida, sin ninguna clase de
problemas. Pero, al mismo tiempo, dado el contacto que se tiene hoy en día
con las mujeres, es muy difícil evitar, y uno no quiere evitarlo, otros
compromisos menores, que se parecen a la amistad, pero que no son exactamente
lo que entendemos por ella, entre otras cosas porque la amistad entre el
hombre y la mujer no ha existido nunca. Es un concepto que hay que inventar.
Y esa amistad puede incluir el sexo, pero el grado de compromiso no implica
el vivir junto, el tener hijos. Es una tendencia que veo cada vez más
extendida y, hasta cierto punto, son las propias mujeres quienes la están
imponiendo. AMOR Y AMISTAD A.- Ramón, estás diciendo que la
amistad entre el hombre y la mujer no existe... R.- No, no, perdona: yo he dicho
que nunca ha existido. Está existiendo ahora. A.- Sí, es verdad que existe ahora
más que nunca en la historia. R.- Pero, claro, hay un factor
sexual que no se puede olvidar. A.- Y, sin embargo, desde el momento
en que esa conexión sentimental se lleva a la práctica, con frecuencia el
hombre y la mujer se alejan. Su relación no vuelve a ser la misma. R.- Si una amistad se rompe por
eso, es que uno de los dos estaba en otro juego. Generalmente es por eso. Si ambos
están jugando claramente a lo mismo, no se rompe nada. BIOLOGÍA R.- Si fuéramos animales
completamente naturales, el hombre sería un macho sólo preocupado en extender
sus genes a la mayor velocidad posible y en la mayor cantidad posible de
hembras. Nos hemos ido alejando cada vez más de la naturaleza. Y el macho de
la especie logra combatir la testosterona. Pero ese combate nos roba una
enorme cantidad de energía. Ocurre que la mujer, efectivamente, apenas tiene
testosterona. Sus ritmos y sus comportamientos son distintos. Y de ahí que
las mujeres bebáis alcohol en determinadas circunstancias, porque os sube el
nivel de testosterona. A.- Ese es un factor que no
conocía. También ahora se acaba de descubrir que cuando la mujer está en la
cima de la ovulación, segrega estrógenos en mayor número que el resto del mes
e, instintivamente, se viste y se mueve de una manera más provocativa. Parece
que la naturaleza pone a nuestro servicio todo para fomentar, en el momento
adecuado, la procreación. R.- Pero nuestra negociación del
sexo es distinta a la de los animales. La nuestra es una negociación difícil.
De hecho, creo que el amor es el fruto de ello. Un refinamiento a lo largo de
los siglos de esa negociación ha dado lugar a lo que llamamos amor. RUPTURA R.- Es que las relaciones a largo
plazo son extremadamente difíciles. Cuando dos personas empiezan a vivir
juntas, con el tiempo se produce una determinada evolución. Si esta evolución
no es paralela y mutuamente tolerable, rompe la relación. Lo más normal es
que sea la mujer la que se convierte en otra persona, porque el hombre,
lamentablemente, es más inflexible y tiene unas normas de personalidad que le
cuesta o que no quiere cambiar. A.- Este proceso conlleva
sufrimiento por las dos partes. En la ruptura del cariño hay siempre una
enorme decepción. SEXO R.- En el fingimiento ha estado
basada durante mucho tiempo la relación sexual. El hombre ha vivido engañado
toda su vida`. Pero ahora las mujeres fingís menos. A.- Aquí también la propaganda
está haciendo mucho, contribuyendo a que la mujer esté más desinhibida en sus
relaciones sexuales, se exprese mejor y finja menos. Así, la postura del
hombre en las relaciones sexuales ha cambiado también. R.- Sí, pero no sabe qué hacer, y
se lo puede plantear de dos maneras. Como una amenaza insuperable ante la
cual la única actitud posible es pasar y meterse a monje. Y la otra es verlo
como un desafío superable y tratar de aprender lo necesario. A.- En cualquier caso es un
desafío. R.- Lo es para quien ha sido
educado en la creencia de que con penetrar a la mujer ya cumplía. Si nadie te
dice que tienes algo que aprender, difícilmente te vas a plantear el
aprenderlo. Y, una vez que lo sabes, la mujer tendrá que enseñarte. Los
libros están muy bien, pero luego, en la práctica, las señoras sois muy
variables en el comportamiento sexual, incluso físicamente. Así que más que
de un don Juan deberíamos hablar de un estudiante. A.- (Risas.) El don Juan, hoy, sobre todo sufriría. Parece que esta figura literaria, en el terreno sexual, siempre sabe dónde y cómo tocar, y hoy la mujer es la que dice cómo quiere ser tocada y, además, hace alarde de ello. |