tiempo - 6 de abril de 1998

M. Á. del A.

6 de abril de 1998

 

EL LIBRO

Dos niños crecieron juntos en Tánger.
Cuarenta años después sigue la amistad y uno de ellos cuenta
la historia propia, la del otro y la de la ciudad.
Un Tánger verdadero que quedaba por contar

          Biografía, memoria, homenaje o novela. Todo a la vez y sin que importe.
          Dice Ramón Buenaventura que lo que más le gusta de este libro es cómo ha quedado. Porque ha tenido el capricho de meter diferentes tipos de letras y juguetones signos que la editorial le ha permitido y dan un resultado de artesano. El autor ha cuidado de todos los detalles y se ha preocupado hasta de la estética del envoltorio. Bien, pues lo que hay dentro es mucho más interesante. Ha logrado una novela apasionada y apasionante. Cuenta la historia de un tal León Aulaga, nombre supuesto de un amigo del alma y de la infancia del autor. Este León es un aprovechado coleccionista de mujeres que, además, se pone a vivir una historia de amor de las de película. Por Internet, y de casualidad, reencuentra a la chica que amó una vez en Tánger. Se citan en el mismo sitio, el mismo día, a la misma hora. Sólo que 31 años más tarde. El libro de Ramón Buenaventura es un novelón como los del XIX, por un lado, y como los del XX, por otro. No queda claro, ni falta que hace, si León es él mismo o su amigo, pero la historia sirve para hablar de la infancia, de la amistad, del amor, de la aventura, de la vida y, sobre todo, de un lugar mítico como la ciudad internacional de Tánger. Un lugar y una época —los años cincuenta— irrepetibles. Un libro para instalarse y disfrutar leyéndolo y comentándolo.