Tribuna

Javier Rioyo

Marzo de 1998

 

Mundo, Demonio y Carne

Manual del seductor

Desde hace algún tiempo sabemos que nació en una ciudad que ya no existe, en un país que entonces no existía. Tánger es esa ciudad que pertenece a la nostalgia de quienes conocieron una ciudad abierta, mestiza, emocionante y hermosamente complicada.
          Aquella ciudad, la ciudad de la infancia y la juventud de Ramón Buenaventura, uno de los muchos añorantes de aquella rareza del norte de África, es el corazón de una de las más arriesgadas, sinceras y apasionadas novelas que se publican. Una novela, El año que viene en Tánger, que fue presentada por Carmen Posadas en presencia de Montxo Armendáriz, una novela que tiene mucho de trabajo artesano de un seductor que anota sus pasiones en el ordenador. Es, también, un manual de seducción, un diario de seductor, una manera de atrapar los instantes eternamente fugaces del amor. Amante del amor, el novelista —o su alter ego, León Aulaga—, que ama a las mujeres, se confiesa situado al lado de la cultura femenina.
          Buenaventura, que hace algunos años nos dejó aquella antología de jóvenes poetas, de dispersas diosas blancas —¿dónde Blanca Andreu?—, nos hace pasear ahora por mujeres deseadas, deseantes. Reconoce lo inhumano de acercarse a una mujer sin idea o ganas de coincidir en el sexo con ella. Los hombres somos las mujeres que hemos tenido, que hemos soñado, las que hemos deseado y seguimos deseando. Las memoriosas, las que recuerdan los sexos masculinos que han conocido; las que no tuvieron el valor de conocer el sexo fuera del matrimonio.
          Por este sueño de Tánger también pasea la apasionada y decente María Coronel, la que quiso con fuego vencer sus hogueras, la que ante la tentación de la carne y estando el marido ausente, nada menos que Guzmán el Bueno, metióse un tizón ardiendo por su natura. No se dejó vencer por la tentación, simplemente murió. Felizmente hay otras, otros fuegos en el cuerpo, otros ardores menos mortales. La juerga continúa, la noche sigue, la novela termina y las copas siguen en el Cock. Heiner, el portero-poeta, abre las puertas de ese bar en el que hemos soñado con algunas mujeres, algunas muy parecidas a las mujeres de Ramón Buenaventura.

          […] [El resto del artículo no se ocupa de El año que viene en Tánger.]