|
Mundo, Demonio y Carne
Manual del seductor
Desde hace algún tiempo sabemos
que nació en una ciudad que ya no existe, en un país que entonces no existía.
Tánger es esa ciudad que pertenece a la nostalgia de quienes conocieron una ciudad
abierta, mestiza, emocionante y hermosamente complicada.
Aquella ciudad, la ciudad de
la infancia y la juventud de Ramón Buenaventura, uno de los muchos añorantes
de aquella rareza del norte de África, es el corazón de una de las más
arriesgadas, sinceras y apasionadas novelas que se publican. Una novela, El
año que viene en Tánger, que fue presentada por Carmen Posadas en
presencia de Montxo Armendáriz, una novela que tiene mucho de trabajo
artesano de un seductor que anota sus pasiones en el ordenador. Es, también,
un manual de seducción, un diario de seductor, una manera de atrapar los
instantes eternamente fugaces del amor. Amante del amor, el novelista —o su
alter ego, León Aulaga—, que ama a las mujeres, se confiesa situado al lado
de la cultura femenina.
Buenaventura, que hace algunos
años nos dejó aquella antología de jóvenes poetas, de dispersas diosas
blancas —¿dónde Blanca Andreu?—, nos hace pasear ahora por mujeres deseadas,
deseantes. Reconoce lo inhumano de acercarse a una mujer sin idea o ganas de
coincidir en el sexo con ella. Los hombres somos las mujeres que hemos
tenido, que hemos soñado, las que hemos deseado y seguimos deseando. Las
memoriosas, las que recuerdan los sexos masculinos que han conocido; las que
no tuvieron el valor de conocer el sexo fuera del matrimonio.
Por este sueño de Tánger
también pasea la apasionada y decente María Coronel, la que quiso con fuego
vencer sus hogueras, la que ante la tentación de la carne y estando el marido
ausente, nada menos que Guzmán el Bueno, metióse un tizón ardiendo por su
natura. No se dejó vencer por la tentación, simplemente murió. Felizmente hay
otras, otros fuegos en el cuerpo, otros ardores menos mortales. La juerga
continúa, la noche sigue, la novela termina y las copas siguen en el Cock.
Heiner, el portero-poeta, abre las puertas de ese bar en el que hemos soñado
con algunas mujeres, algunas muy parecidas a las mujeres de Ramón
Buenaventura.
[…] [El resto del artículo no se ocupa de El año que
viene en Tánger.]
|