La Voz de Almería - «Nueve libros y medio»

Miguel Naveros

25 de abril de 1998

 

Zoco Airport

Cuando acabé de leer El año que viene en Tánger se me vino a la mente una expresión que puso de moda el Ajax por los años de mi juventud (fútbol total), y me pareció la primera definición para la novela de Ramón Buenaventura. que se antoja, ante todo, una obra de literatura total que en nada tiene que envidiar las del disparatado (y genial) novelista escocés Alasdair Grey.
          Falsamente sencilla (porque se lee de corrido con facilidad pasmosa: la que sólo puede lograr quien conoce a fondo este oficio), El año que viene en Tánger es un zoco literario en el que podemos encontrar de todo, un rastro en el que el lector puede buscar todos los géneros, todos los estilos y hasta algo más, el descaro de un gran juego de realidades y de ficciones que pista y despista (permítaseme forzar el diccionario, pero el libro lo merece, y Buenaventura, creo, me dejaría) con la misma facilidad que envuelve.
          De entrada, es la novela de un novelista como mandan los cánones, o sea, una historia que superará perfectamente la prueba de Goldmann, pero El año que viene en Tánger es mucho más. Es también la novela de un poeta, por el tono y, sobre todo, por la inclusión de unos cuantos cientos de versos, algunos de ellos espléndidos. Y la novela de un cronista (cronista de la vida y cronista de la historia; cronista de una generación y cronista de sí mismo). Y la novela de un memorialista que mira atrás desde la altura del tiempo. Y la novela de un editor que prepara la edición crítica de unas obras extrañas y completas. Y la novela de un lingüista y traductor que ha cambiado en su laboratorio las cobayas de Martín Santos por las palabras y los editores de texto (despliegue tipográfico incluido, que es abrumador). Y la novela de un psiquiatra que apunta con precisión el más mínimo detalle de la más profunda obsesión humana (el sexo es uno de los grandes ejes de la obra). Y hasta la novela de un dramaturgo en alguno de los monólogos que afloran entre tanta exuberancia. Las dos orillas
          Un zoco literario, pues, pero al ritmo vertiginoso de un aeropuerto. No podría ser de otra manera, porque éste es el libro de un final de siglo (y de milenio), un libro de las dos orillas que caracterizan cada cambio brusco de calendario (tan brusco éste que nos viene, dicen, que va a montar un gran caos en los ordenadores).
          Cuando el abuelo del protagonista y autor, Ramón Buenaventura, llega al puerto de Tánger, «a León Tolstoi le queda exactamente un mes de vida», y León Aulaga, el amigo de la infancia de Ramón Buenaventura que le confía sus obras completas contacta en enero de 1995 con un viejo amor por el chat. Ha pasado, pues, un siglo con todas sus lógicas y hemos pasado de una a otra orilla del tiempo directamente medible y controlable por un ser humano. Pero ha pasado, además, por dos personajes (cada uno de una España si tomamos como gran frontera la Guerra Civil) que arrancan de Tánger neocolonial y se desarrollan profesionalmente en el mundo voraz del capitalismo más competitivo. Y por Tánger mismo, una ciudad de zoco pero también de puerto franco, una ciudad africana pero cosmopolita, una ciudad que es puerta de un continente y por lo tanto, al tiempo, dos orillas en sí misma, tanto como el devenir de un siglo (de cualquier siglo), como el binomio Buenaventura
 / Aulaga o, por qué no, como Buenaventura mismo, espectador de un tiempo que ha sido, más propiamente, unos tiempos que «han cambiado tantas y tan demasiadas veces».
          ¿Zoco o aeropuerto, El año que viene en Tánger? Da igual. Pase y compre. O, si lo prefiere, pase, embarque y vuele.