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MOMENTOS SEXTELARES DE LEÓN AULAGA
De veras que no resulta fácil
condensar en apenas dos folios todo el caudal de sugerencias vitales y
literarias recogidas en este libro magnífico, poseedor de esa rara capacidad
que tiene en ocasiones la literatura para influir de manera creativa (y
reactiva) en la mente del lector. En suma: un libro que da juego. Rumores hay
que lo comparan con aquel otro cuya existencia ha marcado un hito en el
quehacer literario de los últimos tiempos. Me refiero, claro está, al Ulises
de Joyce. Desde luego, algo en común tienen: ambas obras están escritas desde
una evidente madurez literaria y sus autores no han escatimado recursos a la
hora de expresar lo, en ocasiones, prácticamente inexpresable. Quizá por ello
en los dos casos se da ese curioso descabalamiento del idioma, ese saltarse
las limitaciones con que a veces la palabra nos encorseta la expresión... Por
lo demás, apenas existen puntos en común. A esto podría añadirse un dato que
determina la esencial diferencia entre ambos libros: su accesibilidad. ¿Quién
no ha llegado a sentirse incómodo en esa interminable travesía por el
proceloso estilo joyceano? Hay en el Ulises un alambicado hermetismo
que en ocasiones no sólo dificulta la comprensión, sino que —digámoslo de una
vez— convierte su lectura en un acto poco menos que heroico (ustedes ya lo
saben, pero insisto: hay obras que no se pueden traducir sin grave
menoscabo). Pues bien, con el libro de Ramón Buenaventura uno experimenta
precisamente el efecto opuesto y ello a pesar de los neologismos,
distorsiones sintácticas y etcétera que obligan la atención, sí, pero que
también la alegran. Así, El año que viene en Tánger viene a
convertirse en un divertido e interesante crucero con escalas bellísimas en
paisajes exóticos…
Partimos con el autor hacia el
Tánger de los años cincuenta y allí encontramos, entre otros, a León Aulaga,
con quien más adelante se producirá esa extraña simbiosis entre autor y
personaje tan frecuente en la literatura... Y del pasado al presente: resulta
que tras muchos años de industriosa ausencia (ya es un ejecutivo adinerado y
famoso), León Aulaga reaparece en la existencia de nuestro buen Ramón para
pedirle (exigirle, más bien) que escriba sus memorias eróticas y, ahí va eso,
le larga una maletita con la documentación pertinente. Además, el hombre ha
decidido recuperar el tiempo perdido (¿?) y reunirse en Tánger con un antiguo
amor: hechos ambos que evidencian un ajuste de cuentas con el propio pasado
(entre otras cosas). Comienzan así las escalas de una travesía erótica con
2.245 fichas femeninas, poesías y relatos que León Aulaga ha ido
coleccionando a lo largo de su intensa actividad como amante. Un abultado
material que Ramón Buenaventura nos presenta ya bastante reducido y acicalado
para la ocasión... Al final de la travesía, el autor nos reserva sorpresa.
Gracia ésta que, dicho sea de paso, pone el inevitable broche a un viaje que
acaba (¿de empezar?). Ingenio, erotismo, humor... Ingredientes que, bien
combinados, contribuyen a que este libro diferente sea de los que no se
olvidan y así una recuerda con deleite la habilidad del autor para camuflarse
en frases como éstas: «Escriben como quien cuenta una película, es decir:
como quien refiere una representación ficticia de la realidad, nunca ésta
misma. Pero resulta que tal duplicación de lo ficticio va dejando en el
lector un sentimiento de verdad refinada, como de puros huesos, como de vida
sin adornos... Resaltando los límites de la mentira quizá se roture la
realidad con la máxima precisión».
Y, como despedida, dejo al
lector con los dos últimos versos de un poema titulado «Murmurio», en los que
el hombre que asegura no recordar del pasado sino las mujeres que amó (aunque
fuera un minuto), hace algo así como una declaración de principios:
Los hombres se describen
fácilmente.
Las mujeres no caben en
palabras.
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