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Rosa Martínez Guarinos

25 de junio de 1998

 

MOMENTOS SEXTELARES DE LEÓN AULAGA

De veras que no resulta fácil condensar en apenas dos folios todo el caudal de sugerencias vitales y literarias recogidas en este libro magnífico, poseedor de esa rara capacidad que tiene en ocasiones la literatura para influir de manera creativa (y reactiva) en la mente del lector. En suma: un libro que da juego. Rumores hay que lo comparan con aquel otro cuya existencia ha marcado un hito en el quehacer literario de los últimos tiempos. Me refiero, claro está, al Ulises de Joyce. Desde luego, algo en común tienen: ambas obras están escritas desde una evidente madurez literaria y sus autores no han escatimado recursos a la hora de expresar lo, en ocasiones, prácticamente inexpresable. Quizá por ello en los dos casos se da ese curioso descabalamiento del idioma, ese saltarse las limitaciones con que a veces la palabra nos encorseta la expresión... Por lo demás, apenas existen puntos en común. A esto podría añadirse un dato que determina la esencial diferencia entre ambos libros: su accesibilidad. ¿Quién no ha llegado a sentirse incómodo en esa interminable travesía por el proceloso estilo joyceano? Hay en el Ulises un alambicado hermetismo que en ocasiones no sólo dificulta la comprensión, sino que —digámoslo de una vez— convierte su lectura en un acto poco menos que heroico (ustedes ya lo saben, pero insisto: hay obras que no se pueden traducir sin grave menoscabo). Pues bien, con el libro de Ramón Buenaventura uno experimenta precisamente el efecto opuesto y ello a pesar de los neologismos, distorsiones sintácticas y etcétera que obligan la atención, sí, pero que también la alegran. Así, El año que viene en Tánger viene a convertirse en un divertido e interesante crucero con escalas bellísimas en paisajes exóticos…
          Partimos con el autor hacia el Tánger de los años cincuenta y allí encontramos, entre otros, a León Aulaga, con quien más adelante se producirá esa extraña simbiosis entre autor y personaje tan frecuente en la literatura... Y del pasado al presente: resulta que tras muchos años de industriosa ausencia (ya es un ejecutivo adinerado y famoso), León Aulaga reaparece en la existencia de nuestro buen Ramón para pedirle (exigirle, más bien) que escriba sus memorias eróticas y, ahí va eso, le larga una maletita con la documentación pertinente. Además, el hombre ha decidido recuperar el tiempo perdido (¿?) y reunirse en Tánger con un antiguo amor: hechos ambos que evidencian un ajuste de cuentas con el propio pasado (entre otras cosas). Comienzan así las escalas de una travesía erótica con 2.245 fichas femeninas, poesías y relatos que León Aulaga ha ido coleccionando a lo largo de su intensa actividad como amante. Un abultado material que Ramón Buenaventura nos presenta ya bastante reducido y acicalado para la ocasión... Al final de la travesía, el autor nos reserva sorpresa. Gracia ésta que, dicho sea de paso, pone el inevitable broche a un viaje que acaba (¿de empezar?). Ingenio, erotismo, humor... Ingredientes que, bien combinados, contribuyen a que este libro diferente sea de los que no se olvidan y así una recuerda con deleite la habilidad del autor para camuflarse en frases como éstas: «Escriben como quien cuenta una película, es decir: como quien refiere una representación ficticia de la realidad, nunca ésta misma. Pero resulta que tal duplicación de lo ficticio va dejando en el lector un sentimiento de verdad refinada, como de puros huesos, como de vida sin adornos... Resaltando los límites de la mentira quizá se roture la realidad con la máxima precisión».
          Y, como despedida, dejo al lector con los dos últimos versos de un poema titulado «Murmurio», en los que el hombre que asegura no recordar del pasado sino las mujeres que amó (aunque fuera un minuto), hace algo así como una declaración de principios:
          Los hombres se describen fácilmente.
          Las mujeres no caben en palabras.