Revista de Libros

Santos Sanz Villanueva

21 de marzo de 1998

 

Fronteras de la experimentación

[[[Este extenso artículo comenta los libros siguientes: Bernardo Atxaga, Lista de locos y otros alfabetos; Justo Alejo, Poesía; Pablo del Barco, ItinAmario; Ramón Buenaventura, El año que viene en Tánger; Cuca Canals, La hescritora. ]]]

[…] Salvo singularidades, el vanguardismo narrativo se atiene a empresas un algo menores, como si lo que hay en él de juego consumiera a las mejores energías de los autores. No es el caso, sino todo lo contrario, de una de las aventuras novelescas más ambiciosas —y también, lo diremos ya, más interesantes y logradas— de tiempos próximos: la monumental, y no sólo por sus dimensiones, El año que viene en Tánger, de Ramón Buenaventura.
          El aspecto gráfico de las páginas nos dice que estamos ante un relato rupturista, aunque su carácter novedoso es más de fondo: hallamos notas a pie de páginas, cuadros, estadísticas, cartas, poemas, digresiones eruditas… Todo ello nos lleva a una concepción muy finisecular: una quiebra en la estabilidad de los géneros, una aniquilación de la idea misma de género que rompe las fronteras entre formas no hace demasiado incomunicadas [sic: errata]. Escribía Baroja en 1924 que la novela es tan indefinible y permeable que en ella cabe todo. Pero lo decía pensando todavía en la novela que fagocita los géneros restantes. Hoy, y en Buenaventura, estamos un paso más allá, porque su libro es algo distinto: poemario, epistolario, ensayo… y juego cortazariano que invita a saltar páginas. Y, aun más allá, es biografía real a la que se incorpora la trayectoria del propio autor sin mucha ficcionalización (eso supongo).
          Todo ello, sin embargo, está trenzado en un texto eminentemente narrativo: una aventura humana que alberga un sentido de la existencia. Con el pretexto del autor de reconstruir la peripecia de un amigo, se extiende por una recreación de la vida en su totalidad, desde lo erótico —que tiene mucho peso— hasta lo intelectual. Esa mirada compleja sobre el mundo tiene, además, un eje de gravitación en torno al sentido del tiempo, el retorno al pasado y la búsqueda de la felicidad. El enorme despliegue verbal, cultural, anecdótico, literario de la novela conduce a un tema de siempre: la búsqueda del paraíso perdido. El resultado es una visión entre escéptica y negativa del universo que se sintetiza en una sentencia final: «toda la vida es mentira». Buenaventura hace un excelente y emocionante —a veces divertido, otra triste— recorrido por la mentira de la vida al que cabe ponerle el reparo de una cierta incontinencia. Creo que una poda de materiales hubiera aquilatado más ese sentido y hubiera evitado algunos momentos que producen un poco de fatiga.

 

 

 

Revista de Libros - 980600

Santos Sanz Villanueva